Tengo que confesar que las ganas de tener un blog me nacieron tras escuchar la plática de cuatro finísimas mujeres que hacían ejercicio el martes pasado en las escaleras del Cerro de los Remedios.
Ese día, como algunos otros, me preparaba para subir las escaleras después de haber corrido un poco en el parque Guadiana, con la esperanza de perder un poco del mucho sobrepeso que llevo a cuestas. Mientras hacía los mejores ejercicios de estiramiento que se me ocurrían llegaron cuatro mujeres de entre treinta y treinta y cinco años, según yo. Todas tenían la facha clásica de señora casada con hombre adinerado, que deja a los niños en el colegio (esos niños no van a miserables escuelas, van a colegios) y que luego se dedica a embellecerse para su marido en spas o gyms. En fin, ahí estaban las cuatro, con sus ropas deportivas de marca, cachuchitas Adidas, tenis nuevos y relucientes. Su conversación, palabras más, palabras menos, era la siguiente:
"¿Oye, qué vamos a ir a ver mañana?" pregunta una. "La de 'Por qué los hombres aman a las cabronas'", responde otra. Seguramente. Tiene boletos para una obra que es al día siguiente, anunciada en televisión, radio y periódicos, pero tiene qué preguntarle a la otra qué es lo que va a ir a ver al día siguiente; casualmente enfrente de sus otras dos 'amiguis'. No creo que su intención haya sido presumir, para nada. Las otras dos, como es de esperarse responden con expresiones de emoción y aseguran que van a ir por sus boletos más tarde. Boletos ya no hay, pero las dos, según ellas, tienen una súper palanca que se los va a conseguir y hasta adelante. ¿Qué tal? Bueno, eso lo puedo dejar pasar.
Ellas se adelantan y empiezan a subir antes que yo. Algunos minutos después las alcanzo y me doy cuenta que ya cambiaron de tema. "¿Viste la novela anoche?" "¡Ay, sí güey!" "Fulanita le dijo a Menganito que lo amaba" "¡No!" "Maldita" Cosas por el estilo. Bueno, es una plática hasta cierto punto normal entre mujeres. Lo mejor vino más adelante, cuando ya les llevaba yo ventaja en la bajada y ellas se acercaban por detrás. Ya habían pasado varios minutos y ellas seguían con el tema de la mentada telenovela, pero ahora la discusión era más profunda. "Pero ¿te fijas cómo manejan los diálogos? Ahora lo importante es ver hacia dónde llevan la trama, cómo la van a manejar". Eso sí era el colmo. Lo discutían con mucha seriedad, como si estuvieran discutiendo una obra de Shakespeare o una novela de Cortázar. En ese punto la finísima conversación ya me tenía muy entretenido, con una sonrisa dibujada mientras bajaba caminando por las calles del cerro en vez de bajar por las escaleras para cuidar mi rodilla.
Pero el colmo vino dos o tres minutos después, justo cuando me rebasaban en la bajada, ya que iban caminando a un paso más rápido. Dijo una de ellas "Y fíjate que yo NUNCA veo televisión. NADA de televisión. NADA. Sólo que el otro día de casualidad la prendí en el primer capítulo de la novela y pues, me piqué". Ahora sí me estaba riendo. ¿Quién va a creer semejante mentira? Sin embargo todas sus amigas fingieron creerle. Una de ellas todavía se atrevió a decir "Yo tampoco. En la noche mi esposo se pone a ver las noticias en inglés y yo me pongo a leer, pero se el otro día se me acabaron TODOS los libros y entonces fui a la sala y prendí la tele y pues estaba la novela y así empecé a verla" Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja. Esta mujer lee tanto que no quedó otro libro en este mundo para que ella leyera. Ja,ja,ja. Por favor. La risa me duró hasta el puesto de jugos que se pone frente a la escuela Anexa.
Ahí fue cuando pensé "Debería tener un blog donde contar esto".
Bueno, pues no cabe duda que el dinero no hace finas a las persona, mucho menos cultas. Bien dice el dicho que "aunque la mona se vista de seda, mona se queda".
Saludos, y hasta la próxima
1 comentario:
Este si me hizo reir jaja, y por cierto te felicito por darte el tiempo de ejercitarte, espero verte en mejor forma muy pronto, por salud.
Excelente narrador mi buen
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