miércoles, 16 de septiembre de 2009

Hablar mal de México

Para este 16 de Septiembre les paso un artículo muy bueno que recibí por correo. Según entiendo es de la reconocida académica y periodista mexicana Denise Dresser. No dejen de leerlo y de preguntarse: "¿Soy el tipo de ciudadano que mi país necesita?"


Saludos.


Llamado a hablar mal de México
DENISE DRESSER

Y en los tiempos oscuros, ¿habrá canto?
Sí. Habrá el canto sobre los tiempos oscuros.
- Bertolt Brecht

Hace unos días, el presidente Felipe Calderón criticó a los críticos y convocó a hablar bien de México: "Hablar bien de México, de las ventajas que México tiene… es la manera de construir, precisamente, el futuro del país". Y de allí, siguiendo su propio exhorto, pasó a congratularse porque la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes aquí es más baja que en Colombia, Brasil, El Salvador o Nueva Orleáns. Las ventajas de México quedarán claras cuando decidamos hablar bien del país, concluyó.

Escribo ahora para pedirte –lector o lectora– que hagas exactamente lo contrario a lo que el Presidente exige. Escribo ahora para recordarte que el estoicismo, la resignación, la complicidad, el silencio, y la impasibilidad de tantos explican por qué un país tan majestuoso como México ha sido tan mal gobernado. Es la tarea del ciudadano, como lo apuntaba Günter Grass, vivir con la boca abierta. Hablar bien de los ríos claros y transparentes, pero hablar mal de los políticos opacos y tramposos; hablar bien de los árboles erguidos y frondosos pero hablar mal de las instituciones torcidas y corrompidas; hablar bien del país pero hablar mal de quienes se lo han embolsado.

El oficio de ser un buen ciudadano parte del compromiso de llamar a las cosas por su nombre. De descubrir la verdad aunque haya tantos empeñados en esconderla. De decirle a los corruptos que lo han sido; de decirle a los abusivos que deberían dejar de serlo; de decirle a quienes han expoliado al país que no tienen derecho a seguir haciéndolo; de mirar a México con la honestidad que necesita; de mostrar que somos mejores que nuestra clase política y no tenemos el gobierno que merecemos. De vivir anclado en la indignación permanente: criticando, proponiendo, sacudiendo. De alzar la vara de medición. De convertirte en autor de un lenguaje que intenta decirle la verdad al poder. Porque hay pocas cosas peores –como lo advertía Martin Luther King– que el apabullante silencio de la gente buena. Ser ciudadano requiere entender que la obligación intelectual mayor es rendirle tributo a tu país a través de la crítica.

Ahora bien, ser un buen ciudadano en México no es una tarea fácil. Implica tolerar los vituperios de quienes te exigen que te pases el alto, cuando insistes en pararte allí. Implica resistir las burlas de quienes te rodean cuando admites que pagas impuestos, porque lo consideras una obligación moral. Lleva con frecuencia a la sensación de desesperación ante el poder omnipresente de los medios, la gerontocracia sindical, los empresarios resistentes al cambio, los empeñados en proteger sus privilegios.

Aun así me parece que hay un gran valor en el espíritu de oposición permanente y constructiva versus el acomodamiento fácil. Hay algo intelectual y moralmente poderoso en disentir del statu quo y encabezar la lucha por la representación de quienes no tienen voz en su propio país. Como apunta el escritor J.M. Coetzee, cuando algunos hombres sufren injustamente, es el destino de quienes son testigos de su sufrimiento padecer la humillación de presenciarlo. Por ello se vuelve imperativo criticar la corrupción, defender a los débiles, retar a la autoridad imperfecta u opresiva. Por ello se vuelve fundamental seguir denunciando las casas de Arturo Montiel y los pasaportes falsos de Raúl Salinas de Gortari y las mentiras de Mario Marín y los abusos de Carlos Romero Deschamps y el escandaloso Partido Verde y los niños muertos de la guardería ABC y los cinco millones de pobres más.

No se trata de desempeñar el papel de quejumbroso y plañidero o erigirse en la Casandra que nadie quiere oír. No se trata de llevar a cabo una crítica rutinaria, monocromática, predecible. Más bien un buen ciudadano busca mantener vivas las aspiraciones eternas de verdad y justicia en un sistema político que se burla de ellas. Sabe que el suyo debe ser un papel puntiagudo, punzante, cuestionador. Sabe que le corresponde hacer las preguntas difíciles, confrontar la ortodoxia, enfrentar el dogma. Sabe que debe asumirse como alguien cuya razón de ser es representar a las personas y a las causas que muchos preferirían ignorar. Sabe que todos los seres humanos tienen derecho a aspirar a ciertos estándares decentes de comportamiento de parte del gobierno. Y sabe que la violación de esos estándares debe ser detectada y denunciada: hablando, escribiendo, participando, diagnosticando un problema o fundando una ONG para lidiar con él.

Ser un buen ciudadano en México es una vocación que requiere compromiso y osadía. Es tener el valor de creer en algo profundamente y estar dispuesto a convencer a los demás sobre ello. Es retar de manera continua las medias verdades, la mediocridad, la corrección política, la mendacidad. Es resistir la cooptación. Es vivir produciendo pequeños shocks y terremotos y sacudidas. Vivir generando incomodidad. Vivir en alerta constante. Vivir sin bajar la guardia. Vivir alterando, milímetro tras milímetro, la percepción de la realidad para así cambiarla. Vivir, como lo sugería George Orwell, diciéndoles a los demás lo que no quieren oír.

Quienes hacen suyo el oficio de disentir no están en busca del avance material, del avance personal o de una relación cercana con un diputado o un delegado o un presidente municipal o un Secretario de Estado o un Presidente. Viven en ese lugar habitado por quienes entienden que ningún poder es demasiado grande para ser criticado. El oficio de ser incómodo no trae consigo privilegios ni reconocimiento, ni premios, ni honores. Uno se vuelve la persona que nadie sabe en realidad si debe ser invitada, o el colaborador de una revista a la cual le recortan la publicidad.

Pero el ciudadano crítico debe poseer una gran capacidad para resistir las imágenes convencionales, las narrativas oficiales, las justificaciones circuladas por televisoras poderosas o Presidentes porristas. La tarea que le toca –te toca– precisamente es la de desenmascarar versiones alternativas y desenterrar lo olvidado. No es una tarea fácil porque implica estar parado siempre del lado de los que no tienen quién los represente, escribe Edward Said. Y no por idealismo romántico, sino por el compromiso con formar parte del equipo de rescate de un país secuestrado por gobernadores venales y líderes sindicales corruptos y monopolistas rapaces. Aunque la voz del crítico es solitaria, adquiere resonancia en la medida en la que es capaz de articular la realidad de un movimiento o las aspiraciones de un grupo. Es una voz que nos recuerda aquello que está escrito en la tumba de Sigmund Freud en Viena: "la voz de la razón es pequeña pero muy persistente".

Vivir así tiene una extraordinaria ventaja: la libertad. El enorme placer de pensar por uno mismo. Eso que te lleva a ver las cosas no simplemente como son, sino por qué llegaron a ser de esa manera. Cuando asumes el pensamiento crítico, no percibes a la realidad como un hecho dado, inamovible, incambiable, sino como una situación contingente, resultado de decisiones humanas. La crisis del país se convierte en algo que es posible revertir, que es posible alterar mediante la acción decidida y el debate público intenso. La crítica se convierte en una forma de abastecer la esperanza en el país posible. Hablar mal de México se vuelve una forma de aspirar al país mejor.

Esta es una posición vital extraordinariamente útil pero heterodoxa en un lugar que cambia pero muy lentamente debido a la complicidad de sus habitantes y sus gobernantes. Porque hay tantos que parten de la premisa: "así es México". Tantos que parten de la inevitabilidad. Tantos que parten de la conformidad. Ya lo decía Octavio Paz: "Y si no somos todos estoicos e impasibles –como Juárez y Cuauhtémoc– al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de nuestras victorias nos conmueve nuestra entereza ante la adversidad". Allí está nuestro conformismo con la corrupción cuando es compartida. Nuestra propensión a compararnos hacia abajo y congratularnos –como lo hace Felipe Calderón– porque por lo menos México no es tan violento como la ciudad de Nueva Orleáns.

Ante esa propensión al conformismo te invito a hablar mal de México. A formar parte de los ciudadanos que se rehúsan a aceptar la lógica compartida del "por lo menos". A los que ejercen a cabalidad el oficio de la ciudadanía crítica. A los que alzan un espejo para que un país pueda verse a sí mismo tal y como es. A los que dicen "no". A los que resisten el uso arbitrario de la autoridad. A los que asumen el reto de la inteligencia libre. A los que piensan diferente. A los que declaran que el emperador está desnudo. A los que se involucran en causas y en temas y en movimientos más grandes que sí mismos. A los que en tiempos de grandes disyuntivas éticas no permanecen neutrales. A los que se niegan a ser espectadores de la injusticia o la estupidez. A los que critican a México porque están cansados de aquello que Carlos Pellicer llamó "el esplendor ausente". A los que cantan en la oscuridad porque es la única forma de iluminarla.

domingo, 6 de septiembre de 2009

México vs. Costa Rica

¡Ah, cabrón! Estoy verdaderamente sorprendido del juego de ayer de la Selección Nacional. Absolutamente seguro de que sonará ridículo, debo decir que la que le partió su madre ayer a Costa Rica es la Selección Nacional Mexicana con la que siempre he soñado.

Cuauhtemoc es un genio; Juárez, un verdadero guerrero, que amenaza con convertirse en el Juárez más importante de la historia del país (lo siento, Benito); no se diga lo de Giovanni, que demostró tener la madurez que siempre habíamos querido ver en un jugador mexicano, jugando inteligentemente por el triunfo de su equipo antes que por el propio. Del resto del equipo lo menos que se puede decir es que fueron cien por ciento efectivos. Osorio, Salcido, Franco, Ochoa...todos verdaderamente entregados a su trabajo, concentrados en ganar, tomando cada jugada en serio, radicalmente opuestos a aquellos a quienes critiqué en la entrada de noviembre del año pasado.

Pueder ser que mis palabras estén infundadas en parte por el gusto que me da que México gane como ganó, con autoridad, avasallando al rival, y sé que a la Sele todavía le falta mucho para ser el equipo que todos queremos; pero realmente me da gusto ver que sí pueden jugar como se debe, como un verdadero equipo, haciendo exactamente lo que cada uno tiene qué hacer. Así sí da gusto verlos, chingado. Ojalá sigan así hasta el mundial de 2010.

¿Ustedes qué opinan?

Saludos.

domingo, 23 de agosto de 2009

Avisos

Estimados lectores (si es que quedan algunos),

La presente entrada es para decirles que haré un (enésimo) intento por escribir más frecuentemente en este humilde blog. Ahora estoy ocupado trabajando en la UAD por las mañanas y en la FECA por la tarde y los sábados en la mañana. Aún así, últimamente he tenido muchas ganas de escribir; siempre pasa cuando estoy leyendo algo que me gusta.

Por ahora sólo quiero avisarles que cambié el nombre de la entrada sobre el uso del apóstrofo por uno que pudiera mostrar a mis alumnos sin ningún problema. También quiero hacerles notar que he agregado enlaces a dos blogs que escriben amigos míos y que consideron dignos de ser leídos. El primero es "Libertad de Expresión", de El Intrépido Jonathan Store, que acaba de empezar y cubre temas interesantes sobre política, gobierno y religión; el segundo es "Vamos a Volar" de Luis Carlos Quiñones, mucho menos serio y con lenguaje mucho más vulgar, pero con un discurso igualmente atrapante.

Los invito a que los visiten y, por supuesto, a que sigan dándose la vuelta por aquí.

Saludos a todos.

viernes, 10 de julio de 2009

¿Por qué ganó el PRI las elecciones del 5 de julio?

Para mí la explicación es bastante simple: no es que el PRI haya ganado, sino que el PAN y el PRD perdieron. Sé que esto puede sonar un poco estúpido, pero permítanme explicarme mejor. Desde mi punto de vista, la victoria del PRI en las urnas se debe únicamente al asqueroso desempeño que sus dos más importantes (o tal vez únicos) competidores han tenido en los últimos meses.

La popularidad del PAN se ha estado hundiendo gracias a un presidente (espurio) que prometió empleo y que no ha cumplido, que prometió bajar los precios de los energéticos y que los ha subido. Pero más que nada, la gente no votó por el PAN porque el gobierno federal insiste en pelear una guerra que sólo ha servido para llenar las calles de balas y de muertos. Por más flores que el gobierno de Calderón se eche a sí mismo en los medios de comunicación, la verdad es que la gente tiene miedo; la gente no está conforme con la actual situación de la seguridad pública (es decir, que no la hay) y por eso no votaron por el PAN.

El otro partido que le hizo el favor al PRI es el fracturado y desgastado PRD. A pesar de que sigue fuerte en el Distrito Federal, la impresión que las constantes pugnas en el interior del partido han dejado en la población es la de un partido de peleoneros. Hay que agregar la enorme división que se ha creado entre los perredistas adeptos a Jesús Ortega y los fieles a López Obrador, quien incluso respaldó a otros partidos menores en estas elecciones.

El resultado de las elecciones del 5 de julio no debe ser interpretado como una victoria del PRI, sino como una derrota del sistema político mexicano, en las que, de los pocos mexicanos que decidieron salir a votar, una parte prefirió anular su voto, y la otra eligió votar por el menos malo, aunque eso significara alimentar la llama que durante tantos años tantos mexicanos tratamos de apagar.

Opinen.

sábado, 30 de mayo de 2009

La influenza y sus efectos secundarios

Van pasando los días y poco a poco nos vamos olvidando de la famosa influenza. Aunque todavía se menciona de vez en cuando en los noticiarios, la famosa pandemia ya no es el tema de moda; podría decirse que esa crisis "ya pasó". Pero muchos de nosotros no podemos olvidar por completo el asunto sin hacernos algunas preguntas muy básicas: ¿qué es lo que pasó? ¿quiénes fueron los responsables? ¿qué información nos escondieron y cuánta nos inventaron?

En las últimas semanas he escuchado una gran variedad de puntos de vista. Desde el que piensa que la pandemia fue un ataque terrorista hasta el que opina que todo ha sido un teatro cuyo objetivo es distraernos de algo más importante; hay quienes creen que sí hay pandemia, y que incluso hay mucho más muertos e infectados de los que nos revelan los noticiarios; incluso llegué a escuchar la teoría de que el objetivo de medidas tales como suspender clases y eventos multitudinarios era en realidad el de evitar ataques en contra de la población civi por parte del crimen organizado, y también escuché a alguien decir que todo era culpa del calentamiento global.

La verdad es que nosotros, "ciudadanos de a pie" que no nos manejamos en las altas esferas de la política nacional o internacional, no contamos con los elementos para conocer a ciencia cierta las respuestas a las preguntas anteriormente planteadas. La actitud de quienes aseguran con toda certeza, como si tuvieran pruebas irrefutables en la mano, que todo es mentira, me parece tan estúpida como la de quienes creen ciegamente en lo que dicen los noticiarios.

Lo que sí podemos hacer, lo que debemos hacer, es usar nuestro sentido crítico para juzgar la información que está a nuestro alcance. Debemos analizar nosotros mismos los sucesos, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que nos platican, y estar muy alertas para tener un punto de vista propio. Lo más seguro es que no vamos a poder descifrar lo que realmente sucedió, pero lo que sí podemos hacer es estar pendientes de las posibles consecuencias. Algunas de ellas ya se están viendo, por ejemplo en la campaña electoral del PAN, que usa el tema de la influenza para ensalzar al gobierno de Felipe Calderón y promover el voto a favor de su partido. Falta ver si en los días por venir este tema tiene otras consecuencias a nivel nacional o incluso internacional.

Entonces, ¿realmente anda suelto un virus peligroso? No lo sé. Yo personalment sí lo creo. ¿Esto es un teatro planeado por el gobierno mexicano? Tampoco lo sé, pero se me hace poco probable. ¿El gobierno y los políticos mexicanos han aprovechado la distracción de la población para hacer sus jugarretas y han manejado la información a su favor? Seguramente sí. Sería contranatural de su parte no hacerlo. Hay qué estar atentos. Si todo esto fue para distraernos, ¿quién nos quería distraer y de qué? Con el tiempo vendrán las respuestas.

Opinen.

Saludos a todos.

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11/jun/09
Nota: Hoy cambié el título de esta entrada por uno más acorde con el contenido.

jueves, 12 de marzo de 2009

Eventos culturales en Durango

Hace muchos años, en esta hermosa ciudad de Durango, el fracaso de cualquier evento de corte cultural podía justificarse fácilmente: todo era culpa del público duranguense, "inculto y apático". "Es que la gente no va al teatro", "la gente no aprecia la buena música", "a la gente no le interesan las presentaciones de libros porque ni siquiera lee". Éstas y otras frases eran una explicación válida si algún evento salía mal, y en muchos de los casos era cierto; la mayoría de la población realmente no estaba interesada en eventos culturales ni preparada para ellos. Pero las cosas han cambiado y, al parecer, quienes están a cargo de dichos eventos (entiéndase el ICED, el IMAC, entre otros) no se han dado cuenta, porque siguen usando las mismas excusas cuando algo falla, siendo que éstas ya perdieron validez hace mucho tiempo.

Es cierto, el público duranguense aún dista mucho de estar al nivel del de las grandes ciudades del primer mundo, pero también es cierto que cada vez hay más gente preparada, con un geniuno interés por la cultura y las artes que exige eventos de calidad. A pesar de que el progreso se ha resistido a alcanzar a esta rancho-ciudad (o mejor dicho, algunos no han dejado que nos alcance), hay en Durango gente preparada, que lee, que piensa, que escribe, que ha estudiado y/o vivido en el extranjero, que sabe de literatura, de música, de teatro y de filosofía.

Ante este panorama, las autoridades reponsables de la cultura del estado se están quedando rezagadas. Siguen preparando eventos con la idea de que el público no sabe ni está interesado, y están quedando muy mal. Quedaron mal hace poco en la presentación de Alejandro Fernández, donde hubo un conflicto debido al mal desempeño por parte de los organizadores del evento, quienes se justificaron diciendo que "la gente no tiene educación y no respeta". Han quedado mal varias veces en el Teatro Ricardo Castro, donde últimamente mucha gente se ha quedado afuera gracias a que se reparten demasiados boletos.

Quedaron muy mal antier en el evento organizado para el Día de la Mujer, con una pésima conferencia sobre autoestima impartida por una conocida actriz argentina. La conferencia, más actuada que impartida, carecía de contenido relevante y se limitaba a ideas y conceptos por demás básicos y poco profundos. Los asistentes, que eran muchísimos, porque para no variar se repartieron demasiado boletos, tuvieron que hacer uso de su mucha educación para no salirse a media plática. Me causa risa irónica recordar que al inicio del evento, la directora del Instituto Municipal de la Mujer se dijo sorprendida de ver a tanta gente en el teatro ya que según ella "la gente de Durango a veces es difícil para este tipo de eventos". Pues si son eventos mal organizados y de baja calidad como ese los que contribuyen a que la gente sea "difícil".

De verdad, señores y señoras encargados de la difusión cultural, abran los ojos. El público para el que trabajan ya no es el mismo; el de ahora conoce, exige y se da cuenta de sus garrafales metidas de pata. Claro que hay todavía un enorme rezago cultural, pero ustedes no pueden ponerse al nivel de los que están más abajo. Pónganse al nivel de los que están más arriba, y así contribuyen a que los demás suban. Exíjanle a su público y exíjanse a ustedes mismos. Verán que el público de Durango está más preparado de lo que ustedes piensan.

Les dejo en enlace a la nota de El Siglo de Durango sobre la conferencia.

Saludos a todos mis lectores.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Cien años de soledad

Hace poco volví a escuchar, después de muchos años, la canción que Óscar Chávez le compuso a Macondo, el pueblo donde se desarrolla la historia magistral de García Márquez "Cien años de soledad", y de sólo escuchar los nombres de Amaranta, de Úrsula, de Mauricio Babilonia, me llegaron unas ganas enormes de releer esa historia que tanto influyó en mi amor por la literatura.

La primera vez que lo leí estaba en secundaria y me marcó. Creo que es el primer libro por el que experimenté esos sentimientos opuestos de querer seguir leyendo, pero de querer detenerme para que no se me acabe.

En fin, tuve qué hacerlo. Antier lo terminé por segunda vez y descubrí en él muchas cosas que no pude apreciar cuando lo leí como adolescente y que ahora, con mayor experiencia como lector y como ser humano (en el lapso de diez o doce años entre la primera y la segunda lectura conocí los placeres carnales, hice una carrera profesional, viví en otro país, empecé a trabajar, me casé, tuve una hija, entre otras cosas), he logrado comprender. Es verdaderemente genial; por algo es considerada la segunda obra más importante de la literatura en español (después, de "El Quijote" de Cervantes, claro está).

Habiendo leído ambas, ahora me pregunto cuál es el que sigue, porque no he oído que se mencione alguna obra como "la tercera más importante en español". Estoy casi seguro de que optaré por una obra de Cortázar; tal vez "Rayuela", la más reconocida, aunque también me atrae mucho "Historias de Cronopios y de Famas". ¿Alguien tiene ganas de obsequiarme un libro?

No me queda más que sugerirles que lean "Cien años de soledad" si no lo han hecho; no hagan caso de los pseudo-intelectuales que sienten que se engrandecen al restarle importancia al trabajo de García Márquez. Si ya lo leyeron y son lectores ávidos listos para un reto mayor, lean "El Quijote de la Mancha" (la obra completa, no resúmenes) y entonces verán lo que es ser el número uno.

Saludos a todos. Por favor comenten; aunque sea un "hola" será suficiente para saber que leyeron.

jueves, 22 de enero de 2009

El curioso caso del médico González

Ayer miércoles fui a gozar de unos deliciosos tacos de barbacoa en aquel puestecito del que ya les había hablado anteriormente (ver la entrada) y mientras comía y platicaba con "el Deivid", el taquero, que supongo se llama David, recordé que no les había platicado de mi graciosa situación con ese taquero.

Resulta que las primeras veces que fui a ese puesto estaba yo trabajando el colegio McKinley, al que por fuerza tenía que ir de camisa y corbata, así que siempre me veía el taquero muy formal. Después llegué a ir un par de veces con mi esposa, a quien sacaba del IMSS con todo y bata para ir a desayunar, e incluso una vez nos llevamos junto con nosotros a nuestro buen amigo Christian, también médico, a degustar esos ricos y sorprendentemente higiénicos tacos.

Supongo que para "el Deivid" la conclusión fue fácil de sacar: siempre muy formal y acompañado por médicos...pues es médico. Y así, cuando menos me di cuenta, el buen Deivid ya me estaba llamando "médico". Al principio no le di importancia y dejé que siguiera en su error, pero después de un tiempo ya me pareció que estaba mal dejarlo así, especialmente después de que lo operaron de la columna.

- "No, médico, es que todavía ando con dolor de espalda, y ahora con el frío, pues se pone más cabrón. Pero bueno...¿a usted qué le digo? ¿verdad, médico?

- "Sí, con el frío se pone cabrón", tuve que contestarle esa vez, y luego me llené la boca de medio taco de lengua para no tener que decir nada más.

Hasta eso tengo la conciencia tranquila porque nunca le he mentido; solamente lo he dejado que se crea la mentira que el mismo fabricó. Lo que sí es cierto es que ahora me la paso evitando cualquier conversación relacionada con mi profesión; la falsa o la verdadera, para evitar ponerme en problemas.

Creo que debería decirle la verdad, pero la verdad ya cada vez me da más pena corregirlo. Tal vez deba esperar hasta el día en que un avorazado cliente se esté atragantando con un pedazo de carne...

Deivid: "¡Rápido, un médico!

León: "Ah, por cierto..."


Jaja. ¿Ustedes qué opina?

miércoles, 14 de enero de 2009

Descuento en tenencias y refrendos.

Antes que nada quiero agradecer a las personas que me han manifestado su agrado por mi blog recientemente. Me da gusto saber que aunque nadie comenta nada (excepto César, claro) sí hay gente que lo lee.

El tema de hoy es el supuesto descuento que el benévolo gobierno estatal hace a quienes pagan con prontitud los tan aborrecidos impuestos de tenencia y refrendo. Bueno, es injusto decir que el descuento es "supuesto" porque es real; el descuento existe, pero no es tan bello como lo pintan.

La tentadora oferta es un 15% de descuento si pagas en enero, un 10% si pagas en febrero y u 5% si pagas en marzo, pero lo que no dicen es que ese porcentaje se calcula sobre el monto total de impuestos estatales y no sobre el monto total a pagar. Pongámoslo en números:

Para el ejemplo consideremos un automóvil Jetta modelo 2007, el cual este año 2009 tiene qué cubrir los siguientes conceptos:







Tenencia federal:$3,234.13
Refrendo:$1,122.12
Placas:$561.06
Aportación "voluntaria" a la Cruz Roja:$51.95
Total:$4,969.16


Alguien que paga en enero esperaría un descuento de

$4,969.16 * .15 = $745.37,

que no estaría mal, pero no es así. Al puntual contribuyente le descontarán sólo el 15% sobre los impuestos estatales (refrendo y placas), es decir

$1,122.12 + $561.06 = $252.48

que ya no es tanto descuento ($492.89 menos, para ser exactos). Habrá quién piense que ese descuento es mejor que ninguno y que soy un quejoso; habrá quién quiera explicarme que el gobierno estatal no puede hacer descuentos sobre impuestos federales, como lo es la tenencia, pero eso ya lo sé. Yo no estoy juzgando. Sólo se los platico, por si no sabían.

Por cierto, si no han ido a pagar ni a investigar cuánto tienen qué pagar por ese impuesto, que maldito sea, sepan que pueden hacer la consulta e incluso pagar por internet (con tarjeta de crédito, claro) en el sitio del Gobierno del Estado, http://www.durango.gob.mx, o bien hagan clic aquí.

Saludos.

Nota: el descuento de 20% para automóviles modelo 1999 o anterior se calcula igual, solo que esos modelos ya no pagan tenencia.